martes, 16 de junio de 2009

Leyendo a Jean Genet (pero sin fuerzas para hablar de él)


Íbamos a escribir hoy sobre Jean Genet (el de la foto) y su libro El niño criminal, que acaba de publicar Errata naturae, con traducción y prólogo de Irene Antón. Ya hicimos una mención a él.

Nos ha gustado mucho.

Mucho, mucho, mucho.

Es un libro extraño y difícil, muy exigente, pero también bellísimo.

Tan bello (qué palabra más cursi), como sólo lo puede ser Genet, el presidiario, el criminal, el chapero, el maricón, el apóstol del mal (otra cursilada) y el escritor, sobre todo, eso, el escritor.

Algo tan bello como esto:
No ayudaré a mi amante para que viva y se perpetúe, sino para que reviente. Mi actitud será la demostración de que cada uno de nuestros actos se clausura, se devora, rechaza engendrar el siguiente. Persigo su muerte y la mía. Dondequiera que esté, bajo cualquier tejado, que una lluvia fina lo empape hasta la médula, lo devaste, pero, sobre todo, que una sutil desesperación nuble su pensamiento y lo aleje de todo proyecto. Sabrá que se muere.
Íbamos a hacerlo.

Pero han pasado dos cosas.

La segunda ha ocurrido hoy: demasiado trabajo, demasiadas obligaciones, demasiado cansancio.

La primera ocurrió ayer: Enrique Vila-Matas escribió un artículo sobre Genet y este libro en El País.

Qué cabrón, qué bueno, y eso que a nosotros Vila-Matas suele aburrirnos bastante, pero de vez en cuando se marca algo así y entonces, mejor es callarse y no volver a decir nunca que es uno de los escritores españoles más sobrevalorados.

Por favor, léelo.

Frente a eso, y con este cansancio (no hagas caso si el ordenador dice que esto está escrito a las 17.05, eso es cuando hemos colgado la foto, en realidad ya es de madrugada), nosotros sólo podemos delirar y hablarte del bar que hay debajo de casa, un bar muy chungo, que frecuenta la clase de gente que le gustaba a Genet: ladrones, asesinos, camellos, estafadores. Carne de presidio.

Aunque hasta para eso nos sentimos sin fuerzas.

Mejor otro día.

Porque además, mañana promete ser peor incluso que hoy.

4 comentarios:

Jaime dijo...

¿Cómo se llama el bar? Pinta bien. Espero que sigas con las entradas diarias a pesar de la sobrecarga laboral, porque se agradecen un huevo.

Kiko M-M dijo...

La verdad es que hubiese preferido leerte a ti que al brasa de Vila Matas. Para mí sigue siendo un escritor sobrevalorado; además, quiere acabar con una frase impactante y la caga, porque las palabras que torpemente parafrasea no son de Pemán, como dice, sino de Eduardo Marquina, como desconoce.

En fin, que para sumergirme en Genet esperaré a que lo comentes tú, que sueles convencerme.

DON ZANA dijo...

Sr. Vilá,

Un mensaje de ánimo y agradecimiento por no privarnos de su entrada diaria a pesar de la escasez de tiempo y fuerzas.

Lo de Vila-Matas me ha gustado, pero nos debe una entrada sobre Genet.

Ah, una última cosa. ¿Me podría facilitar la dirección exacta del bar?. He perdido algo y (por lo que usted cuenta) quizá allí me puedan decir dónde encontrarlo.

Juan Vilá dijo...

Muy, muy rápido,

Al Tío Piter, que escribió un cometario ayer por la noche en la entrada del lunes: mil, mil gracias.

A Jaime y Don Zana, el bar es chungo de cojones, no para hacer turismo, pero podemos preparar un excursioncita cualquier mañana tonta de éstas.

A partir de las 08.00 h.

Kiko, sabes que me jode cada vez que estamos de acuerdo. Pero tienes toda la razón: la última frase chirría se lea como se lea.

Seguro que tienes también razón en lo de Marquina. Ni lo dudo.

Os debo a Genet.