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martes, 3 de noviembre de 2009

Más sobre series de televisión (y algunos libros relacionados con 'The Wire', 'Los Soprano', 'Los Simpson', 'True Blood' y 'Flashforward')



Ayer vi cuatro episodios de The Wire.

Antes de ayer otros cuatro.

Intento recuperar el tiempo perdido.

De forma compulsiva, como debe ser.

Lo bueno es que no soy el único.

Está bien sentirse acompañado.

Y hasta convertirse en gente.

También ayer leí en La Información que Series Yonkis, el portal de referencia en cuanto a pirateo de series, ocupa el puesto número 15 en el ranking de los sitios más visitados de España.

Por delante, por ejemplo, de El País.

Además me llegó un mail de Rubén Hernández, de la editorial Errata Naturae.

Se declaraba fan de Los Soprano y me comentaba que iban a publicar un libro: Los Soprano Forever: Antimanual de una serie culto.

Saldrá el 12 de noviembre.

Corto y pego del mail:
"Nos parecía muy interesante debatir sobre muchos de los aspectos que aparecen retratados en la serie, de manera seria y lúcida, y también a veces un poco canalla. Por eso hemos pedido a críticos y pensadores de ambos lados del atlántico que les dedicasen un artículo, escogiendo uno de los temas que les apeteciese escudriñar."
Escriben, entre otros, Rodrigo Fresán, Fernando R. Lafuente, Iván de los Ríos y Noël Carrol.

Lo que a mí me parece la serie ya lo he dicho varias veces.

¿Y el libro?

Seguro que es estupendo. Estoy deseando leerlo.

Más info en su web.

Hay otro libro parecido que acaba de salir, pero dedicado a Los Simpson.

Se llama Los Simpson y la filosofía y lo ha editado Blackie Books.

En su día ya hicimos una refencia a él.

¿De qué va?

Una veintena de investigadores y profesores universitarios yanquis se ponen a pensar la serie y, de paso, nos dan unas cuantas lecciones de filosofía: qué valores representa cada personaje o qué filósofo encaja mejor con ellos o una lectura marxista de Sprienfield o las diferencias entre Husserl y Heidegger explicadas a partir del cabroncete de Bart.

Corto y pego, para que te hagas una idea, este texto en el que se presenta a Nietzsche también a partir de Bart, personaje que da muchísimo juego:
Bien, permitidme que os cuente de otro chico malo, el chico malo de la filosofía (¿Qué? ¿No creíais que existiesen chicos malos en la filosofía?). Se llamaba Friedrich Nietzsche y, desde el punto de vista de la filosofía, no ha habido chico más malo. Nietzsche era una especie de astuto delincuente filosófico. Desafiaba la autoridad, era un corruptor. ¿También era un vasallo de Satanás? Bueno, ¡escribió un libro titulado El Anticristo! Parecía odiarlo todo, cada ideal que la mayoría amaba y atesoraba. Se dedicaba a derrumbar esos ideales demostrando con inteligencia cómo se relacionaban con cosas que esa misma mayoría odiaba. Denostaba la religión y se burlaba de la piedad. Se refería a Sócrates como a un bufón que había conseguido que lo tomasen en serio. ¡Llamaba decadente a Kant, superficial a Descartes y limitado a John Stuart Mill! En Así hablaba Zaratustra, su infamia llegó hasta el punto de escribir: «¿Andas con mujeres? ¡Pues no olvides el látigo!».
Luego está True Blood, pero es que a mí esa serie me aburre muchísimo y, en su día, ya hablamos de Charline Harris.

La que aún no he visto es FlashForward y es una pena, porque el punto de partida es muy chulo: esos dos minutos y 17 segundos en los que toda la humanidad se desmaya y ve cómo va ser su vida dentro de seis meses.

La editorial La Factoría de Ideas va a reeditar en noviembre la novela de Robert J. Sawyer en la que está basada.

Eso sí, antes le van a cambiar el título.

En 2001, cuando la editaron por primera vez, la llamaron Recuerdos del futuro.

Ahora recuperan el Flashforward original, como la serie.

Supongo que este enlace debe llevar a la nota de prensa, no he encontrado otra cosa.

¿Y The Wire?

David Simon, su creador, tiene algunos libros publicados en Estados Unidos, que se basan, igual que la serie, en sus años como periodista de sucesos.

Por lo que he visto, no están publicados en España.

Pero sí los de George Pelacanos, uno de los guionistas.

Sus novelas deben ser buenas, más que nada, porque Simon le llamó para que trabajara en The Wire después de leerlas y eso que no le caía muy bien: uno es de Baltimore (Simon) y el otro, de Washington (Pelecanos).

Ediciones B (o Zeta Bolsillo) es su editorial en España, con títulos como Música de callejón, El jardinero nocturno y Drama City.

Más sobre él en Wikipedia.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Vampiros, caníbales y arrancacorazones ('True blood', Stephanie Meyer y algo que es mejor no comer)



El lunes empezaron a emitir True blood en Cuatro.

True blood es la serie de televisión que Alan Ball se inventó después de A dos metros bajo tierra.

A dos metros bajo tierra es la segunda mejor serie de la historia.

La mejor serie de la historia son Los Soprano.

Yo en esta vida sólo envidio a la gente que aún no ha visto Los Soprano: me cambiara por cualquiera de ellos, hasta por el más capullo, y me la vería entera de un tirón: unas 86 horas aproximadamente.

No comería, no bebería, no mearía ni cagaría, no dormiría.

Sólo vería Los Soprano y al acabar, lloraría y creería que ya no iba a poder seguir viviendo sin esa gran, inmensa familia.

True blood está basada en las novelas de Charlaine Harris.

Yo no las he leído, pero conozco a un par de personas enganchadas: dos mujeres maduras, inteligentes y con criterio. Me fío de ellas.

Harris es algo así como la anti Stephanie Meyer.

Las dos escriben de vampiros, pero los de Meyer son tontorrones y no follan.

Los de Harris son promiscuos, muy promiscuos, tanto como los vivos, e igual de hijos de puta.

El punto de partida de Harris tiene gracia: los japoneses han inventado una sangre artificial que sastisface todas las necesidades nutricionales de los vampiros sin que tengan que matar a nadie.

Los vampiros entonces, única minoría aún perseguida, empiezan a salir del armario.

Pero la sangre artificial no mola tanto como la de verdad.

Y la sangre de los vampiros da fuerza a los vivos y funciona para nosotros como una especie de droga.

Así que los vivos y los vampiros se pasan todo el día persiguiéndose los unos a los otro para robarse la sangre y follarse.

Eros y tánatos, la vida misma, ya lo dijo Freud.

Intenté ver la serie el lunes.

No pude: me aburrió y me puse a zapear.

La grabé y le dí otra oportunidad ayer: me pasó lo mismo.

Lo mejor son los títulos de crédito: los he colgado arriba: qué bonitas la imágenes, así como descoloridas, tan siniestras, y Jace Everett, que casi parece Chris Isaac, cantando eso de I wanna do bad things with you.

True blood me partió el corazón.

No sé si le daré otra oportunidad.

Me dejó muy triste y sediento, vacío, como si me faltara algo muy, muy importante.

Fui a la estantería y cogí Canibalismo ocasional, de Shiguro Takada y editado por Desnivel, uno de mis manuales favorito sobre la materia.

Abrí al azar y leí:
No, no se bebe la sangre del corazón ni se come la carne de ese músculo para ganar fuerza. Eso es un mito del cazador de ciervos suburbanos que desea sentirse en contacto con la naturaleza. Si suponemos que esto también fue una práctica del antropófago tradicional, para adquirir la fuerza del guerrero enemigo caído, hay que reconocer que los antiguos también cometieron errores. Siento curiosidad por qué hacían esto, ya que el que estaba tieso era el perdedor, y el antropófago, el vencedor, que le había pateado el culo, demostrando ser un guerrero mejor. Yo consideraría tal práctica con gran desagrado, y no me sentiría más cercano a la naturaleza al hacerlo, ni más fuerte.
Evidentemente eso tampoco sirvió para que me sintiera mejor.

Al revés, fui a la nevera y tiré a la basura los corazones de todos los cabrones que había matado durante la última semana.

Me puse un gin tonic, con un poquito de regaliz, e intenté seguir trabajando un rato: tenía un montón de cosas pendientes y hoy me esperaba un día muy duro.