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martes, 1 de septiembre de 2009

Septiembre



Asusta empezar septiembre con la canción de Los Enemigos.

Es, en realidad, la despedida de un suicida.

La compuso Josele Santiago (el que canta) después de leer en el periódico la nota de un chaval que se ahorcó en Galicia: "id a por el pan y a por la leche que yo no voy a ir".

Pero no, nada que ver, yo esta vez sí que voy a estar.

Terminó el verano fatal.

Veremos, a partir de ahora, qué pasa, cómo nos organizamos y cuándo viene el próximo cambio.

De momento, cerramos, como el 1 de julio, con un poema de Kavafis.

Pura superstición.

Tampoco tiene nada que ver con lo que hablamos, creo, pero me parece muy gracioso y me gusta.

Se llama Así y lo escribió en 1903:
En esta fotografía obscena
vendida (a escondida de miradas) en la calle,
en esta fotografía pornográfica
cómo puede haber una cara tan
maravillosa como la tuya.

Quién sabe la vida fatal, sórdida, que harás;
en qué cruel ambiente
te habrán hecho esta fotografía;
qué espíritu tan vulgar el tuyo.
Mas pese a todo permanece, aún vive en mí aquella cara
maravillosa, esa figura
hecha y ofrecida para el placer griego
– así permaneces para mí y así te canto.

miércoles, 1 de julio de 2009

Verano fatal (y un poema de Kavafis)



Ser o no ser.

He ahí la cuestión.

Aunque tampoco conviene dramatizar.

A veces se puede ser a ratos.

Es verano, hace calor y como los malos estudiantes, nos hemos quedado sin vacaciones.

La crisis.

Nos pasaremos todo julio y agosto trabajando.

Trabajar, trabajar, trabajar.

De forma reglada: madrugar, cumplir un horario, aburrirse en una redacción.

Mientras muchos de vosotros, cabrones, os vais de vacaciones.

No, no abandonamos el blog.

Todavía no.

Pero se acabaron las entradas diarias.

En principio y en verano.

La idea es escribir unas cuantas veces por semana: cuando se pueda.

Lo decimos sobre todo por los fieles, los cuatro pringaos que leen esto a diario.

Seguid entrando, seguid apareciendo por aquí y seguro que tenéis suerte y os encontráis algo nuevo.

Gracias a todos.

Y un poema de Kavafis, Konstantino Kavafis, o Constantino Cavafis, cada uno lo escribe a su manera.

Es de Poesías completas (Ed. Hiperión. Traducción de José María Álvarez), un libro robado precisamente una noche de verano en una casa de la calle Ayala de Madrid. Se llama Pueblo deprimente:

Pueblo deprimente éste donde trabaja –
empleado en un comercio,
él que es joven– y donde debe esperar
aún dos o tres meses,
dos o tres meses hasta terminar el negocio
y poder regresar a la ciudad y entregarse
a su movimiento y a sus diversiones;
pueblo deprimente éste donde espera.
Yace sobre su cama devorado por el amor,
toda su juventud despierta por el deseo de la carne,
con la tensión maravillosa de la bella juventud.
Y en el sueño le llega la delicia: en su sueño
ve y abraza la carne, el cuerpo que desea...