Por fin.
Dejamos de llorar, de gruñir y de quejarnos.
No más villancincos ni antivillancicos ni felicitaciones navideñas más o menos camufladas ni nada que se le parezca.
Hablemos de un libro.
Un buen libro.
O más que eso, más que un buen libro quiero decir.
Porque quizá los buenos libros ya no sirvan de nada.
Atentos todos a esta novela, artefacto literario, o lo que sea: se llama Aire Nuestro, la ha escrito Manuel Vilas y la publica Alfaguara.
Aire Nuestro es una cadena de televisión de mediados del siglo XXI. Según nos dice Vilas en el arranque: “una cadena de alta cultura televisiva y también de alta costura de las enfermedades del futuro”.
Y a partir de ahí, nos propone un ejercicio de zapping por sus distintos programas y documentales, que nos lleva al pasado y al futuro, a un viaje que hace Johnny Cash por la España de los años 70 y a la agonía de Juan Carlos I en 2022. También hay paradas en el más allá, donde ningún cineasta quiere tratar a Sergio Leone o donde Manuel Vilas, padre del autor, le recuerda a su hijo sus orígenes y la revolución que aún tiene pendiente.
Hay además inmigrantes a los que la ansiedad les impide realizar su trabajo en el matadero, puticlubs llamados La Generación del 27 y hasta un empleado de la construcción que en sus horas libres se dedica a escribir y acaba convirtiéndose en el último estalinista sobre la faz de la tierra.
Aire Nuestro comparte muchas cosas con las Nocillas: un mismo sello editorial, los piropos que se dedican mutuamente Vilas y Fernández Mallo y el rollito posposmoderno, que podría caracterizarse simplificando mucho como: fragmentario, sin un argumento en sentido tradicional y con un universo de referentes pop, afterpop o como quieras llamarlos, en común.
Pero no, Aire Nuestro es otra cosa.
Hay algo muy raro y potentísimo en este libro: el sentido del humor.
Sentido del humor que va mucho más allá del chascarrillo cultureta (que sí, que también tiene bastante de eso y hasta habrá a quien Aire Nuestro se le atragante con tanto chiste sobre Cernuda, tipos llamados Manuel Vilas o Juan Carlos III).
Pero no, el sentido del humor en este caso es lucidez y una manera de mirar el mundo, en general, y a España, de forma mucho más concreta.
El sentido del humor de Vilas no es que se vuelva serio o que sea inteligente, como si siempre hubiera que buscarle una excusa o un disfraz al humor, el sentido del humor de Vilas es que crea todo un mundo, este Aire Nuestro, tan chocante, tan disparatado, tan revolucionario en muchos sentidos, también y sobre todo, en sentido político, tan cargado de mala leche y además, y a ratos, aterrador.
Porque Aire Nuestro es un libro político, muy, muy político, aunque no de forma maniquea o evidente. Más bien como si una de las principales fuerzas que sustenta todo este universo y le da sentido e inquieta al lector, sean esas palabras que Manuel Vilas padre le dice a Manuel Vilas hijo desde el más allá: "Recuérdales que eres un revolucionario y que eres comunista y que vas a matarlos a todos".
Y al final, a mí, como me ocurrió con la última de las Nocillas, la sensación que me queda es la de haber leído un relato de terror. O un conjunto de relatos de terror.
Aquí también, en muchos, muchísimos momentos, terror posposmoderno, no me repito, esto ya es muy largo, quien quiera comprobarlo, que se acerque a la librería y lea de extranjis capítulos tan acojonantes como Final de la Eurocopa: 29 de junio de 2008 o mejor todavía, Return To Sender.
Sí, Return To Sender, igual que la canción de Elvis que obsesiona a todos los que conducen un SEAT 850, que en su día perteneció al roquero patrio Tony Lomas pero que acaba convirtiéndose en un patíbulo o un imán para los cadáveres. Insisto, acojonante, por bueno, buenísimo, y por el mal rollo que te mete en el cuerpo.
