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sábado, 12 de septiembre de 2009

No voy a ver a Leonard Cohen

Ya en Madrid.

Esta noche actúa Leonard Cohen.

No tengo entrada ni dinero para la reventa ni demasiadas ganas de verle.

Creo que no es el momento: ni para él ni para mí.

Aunque me niego a explicar esta última frase.

En lugar de eso, me quedaré en casa.

Seré bueno.

Veré antiguos vídeos suyos en YouTube y leeré sus poemas.

Vídeos como éste, una versión algo extraña y sin toda la rabia del Diamond in the Mine original, aunque con una presentación muy graciosa:



Y poemas así, también extraños, también graciosos, pero esta vez con rabia. Corto y pego del Libro del anhelo, editado por Lumen y traducido por Alberto Manzano. Se titula El borracho no tiene género:
Esta mañana volví a despertarme
Y doy gracias al Señor por ello
El mundo es tal pocilga
Que tengo que llevar sombrero

Amo al Señor alabo al Señor
Al Señor perdono
Espero que no me arrepienta
De haberle permitido vivir

Sé que te gusta emborracharme
Y reirte de lo que digo
Y eso me alegra mucho
Tengo sed cada día

Estoy enfadado con el ángel
Que me pellizco en el muslo
E hizo que me enamorase
De todas las mujeres que pasan

Ya sé que son tus hermanas
Tus hijas madres viudas
Si me he dejado alguna mujer
Pido disculpas

Es curioso que corras al cielo
Cuando siempre tratas de evitar los
[sitios donde están todos
El Señor es como un mono cuando
Lo llevas a la espalda

El Señor es ese mono
Y también toda una mujer
Es un lugar de nada
Con un rostro como el tuyo

Ojalá se estrelle en tu sien
Y se asome por tus ojos
Y haga que te enamores
De aquellos a los que desprecias
Y el lunes, no sé a qué hora, intentaré recobrar la normalidad y escribir una entrada en condiciones después de todas las tonteriitas del viaje.

lunes, 25 de mayo de 2009

Los milagros aún existen (Iggy Pop lector, personaje de novela y su nuevo disco)


Íbamos a hablar de milagros y redenciones, de vagabundos alcoholizados y de niñas santas, del 70 aniversario de la muerte de Joseph Roth y de su libro La Leyenda del santo bebedor.

Pero se no ha cruzado una noticia que primero hemos recibido con escepticismo y luego, casi, casi con asombro: sí, los milagros aún son posibles.

No es que Iggy Pop siga vivo, todo el mundo la sabe, es que ha sacado un disco, Preliminaires, y, por lo poco que hemos oído, el disco mola. Mola mucho.

Mola el cambio de registro. Y la actitud. No es una mamarrachada más de estrella del rock en sus horas bajas.

Iggy Pop dice que está "harto de escuchar a un puñado de brutos idiotas golpeando guitarras para hacer música mala" y ha decidido volver al jazz y a la canción francesa.

El resultado suena un poco a Tom Waits (en King of the dogs) y un poco a Leonard Cohen (en Les feuilles mortes), pero en el fondo sigue siendo Iggy Pop.

Y esto, ¿aún es un blog de libros?

Sí, es que Iggy Pop ha leído a Michel Houellebecq y se ha inspirado en La posibilidad de un isla para el disco: "El libro trata sobre la muerte, el sexo, el fin de la raza humana y unas cuantas cosas más bastante graciosas. Lo leí en un hotel solitario de la costa francesa con gran placer y en mi mente iba creando la música que escuchaba en mi alma mientras lo leía", comenta.

De hecho, el primer singles, del que hay tres vídeos distintos, está dedicado a su personaje favorito de la novela, el perro Fox.



Puedes oír algo más de este nuevo Iggy Pop y verle contonearse a sus 62 años sin camisa ni camiseta en la web del Canal+ francés.

Sigue fibroso, aunque también un poco hinchado, muy poco, con esa textura que sólo da la heroína después de años y años de adicción.

Iggy Pop también debería leer Making Of, de Óscar Aibar, publicado el año pasado por Mondadori.

Como en La posibilidad de una isla (aunque no tiene nada que ver) hay muerte, hay sexo y es muy gracioso.

Además, aparece él como personaje.

Aibar novela con muchísimo sentido del humor la producción de su primer película, Atolladero, un western futurista, crepuscular y desquiciado, con malos malísimos, dinosaurios extraterrestres, F-16 disparando misiles reales en pleno set de rodaje y todos los problemas del mundo.

Atolladero es un retrato del cine español llevado al límite, de su falta de medios, de su improvisación constante, de su afán por querer ser siempre otra cosa y de los personajes que lo pueblan, entre el divismo (muy poco, aquí) y la sordidez.

Y Atolladero es una de esas epopeyas contemporáneas, o sea, ridículas, siniestras, disparatadas. Tanto, que al final, el narrador sólo podrá presumir de haber hecho lo que tenía que hacer y, a pesar de ello, aún seguir vivo.

Un auténtico héroe. Si nosotros hiciéramos lo que de verdad tenemos que hacer, seguro que nos cortaban el cuello. Y a ti también, no te hagas el tonto, lo sabes perfectamente.

Uno de los personajes, decíamos, es Iggy Pop, la estrella internacional de la película. En el libro aparece como Jim Rock y está muy centrado: ya no se acerca a las drogas ni en broma, se toma muy en serio su trabajo y siempre está dispuesto a colaborar en todo. Pero le pierde el sexo.

Reproducimos un diálogo entre el director de la película y Jim Rock, después de que el primero haya pillado al segundo con un "joven y fornido carpintero" detrás de unos matorrales:
- Los sesenta fueron muy extraños –dijo poniéndome la mano en el hombro.
Le ofrecí un cigarro y caminamos lentamente de vuelta a los camiones.
- Durante más de veinte años hice de todo con todo el mundo –añadió–. Luego llegaron los ochenta y la compañía de discos me obligó a pasar una revisión médica para renovar el contrato. Yo me acojoné, ¿sabes? Si había una persona en el mundo que se merecía estar infectada era yo.
- ¿Y qué pasó? –le pregunté con impaciencia.
- Joder, pues que estaba limpio, tío. Después de toda una vida follando a destajo con todo tipo de seres, después de años chutándome cualquier mierda con la primera jeringuilla que pillara en el suelo del lavabo de cualquier antro... ¡pues resulta que estaba limpio! Entonces decidí poner un poco de orden y me enrollé con Suhi para probar la monogamia.
- Eso está bien, supongo.
- ¿Bien?, ¡una mierda! –exclamó llevándose la mano a la entrepierna–. Esto es lo único que me queda y pienso aprovecharlo al máximo mientras funcione.
- ¿Y luego?
- Luego me pegaré un tiro en la cabeza o cantaré folk, yo qué sé –dijo mirando al infinito con una expresión mística–.
O sea, que al bueno de Iggy le sigue funcionando el asunto. Su inmenso asunto, según la leyenda.

De momento se ha pasado al jazz, sólo eso. Nada que ver con el folk.

miércoles, 20 de mayo de 2009

El perdón y los premios (más de los Wittgenstein, un cómic, algo de Dylan y algo de Cohen)


Le Gañán ha escrito un gran comentario en la entrada del lunes, Apología del silencio, la del mercado nuevo, los Wittgenstein y Thomas Bernhard.

¡Santo Dios, santo Dios!, como decía ayer una diputada del PP en el congreso, corred todos a leerlo.

No sabemos si es verdad, o si se lo ha inventado Auster, o si se lo ha inventado Le Gañán. Pero nos da igual, es una historia preciosa sobre Wittgenstein y el perdón.

Más sobre Wittgenstein: a finales de mayo, Lumen publica una biografía familiar. La escribe Alexander Waugh y se llama La familia Wittgenstein. Cuenta cosas, según el catálogo de la editorial, como que Ludwig fue compañero de pupitre de Hitler o que su hermano Paul, el único que no se suicidó, se dedicaba a tocar piano. Hasta que perdió una mano en la I Guerra Mundial.

Más sobre el perdón: ya nadie pide perdón. Y eso que, bien visto, lo de pedir perdón puede convertirse en una de las formas más sublimes y refinadas de narcisismo.

Ahora, hablando de narcisismo, lo que hace la gente es dar y recibir premios.

Hasta a nosotros nos han dado uno. El primero en toda nuestra vida.

Pero es un premio que mola, el de una lectora, Patsy Scott, que tiene también un blog llamado Yes, feri guell fandango y que ha elegido sus diez blogs preferidos. El nuestro es el último.

Y nos encanta saber que hay gente a la que no conocemos pero que nos lee y que le gusta esto. Gente, además, que vive en Lavapiés y que escribe entradas contra esa bobada de la cirugía estética vaginal.

Gracias, Patsy. Gracias, Le Gañán.

Hay otros premios y los que más se llevan ahora son los de cómic.

Empezó el Fnac con la editorial Sins Entido y luego le siguió Planeta.

Sí, un premio Planeta de cómic dotado con 20.000€. Ya se conoce el ganador de la primera edición pero aún no se ha publicado.

Se ha convocado algún otro concurso parecido. Y nosotros acabamos de leer Evelyn, de Andrés G. Leiva, premio Sins Entido - Diputación de Cuenca.

Es una historia de vampiros, pero no de vampiros modernos en plan Crepúsculo, sino vampiros de toda la vida, como sacados de una novela gótica: mucha niebla, mucha bruma, carruajes, lobos, niños muertos con un mordisco en el cuello y oscuras mansiones que de repente saltan por los aires.

Los dibujos están bien, muy siniestros, un poco al estilo de las pinturas negras de Goya o de un Ensor descolorido. Pero el guión es flojito. Nos hubiera gustado algo que nos sorprendiera o que le diera una vuelta de tuerca al género, algo menos previsible.

Luego leemos en El Mundo que van a subastar el primer poema de Dylan. Lo escribió con 16 años y habla de un perro muerto. O asesinado.

Muy alegre. El tema del perro muerto da mucho de sí. Otro día hablamos de perros muertos.

A Dylan querían darle el Nobel de literatura. Pero es muy malo escribiendo. ¿Alguien ha intentado leer Tarántula, ese engendro de libro, su única novela?

Pero no, lo del Nobel no era por Tarántula, era por sus canciones. La poesía popular del siglo XX, dicen, es el Rock'n'roll.

Vale, visto así lo aceptamos. Mola Dylan. Y según cuentan, el primer volumen de sus memorias, Crónicas, no estaba mal.

Quien además de cantar sí que escribe poemas muy chulos es Leonard Cohen.

El otro día nos devolvieron un libro que ya casi habíamos olvidado, El libro del anhelo, y hemos estado hojeándolo.

Lo publicó en 2006 también Lumen (hoy parece que estamos esponsorizados por esta editorial).

Hay poemas y dibujos, muchos son de los años que Cohen pasó como monje budista, o de cuando abandonó el monasterio, pero otros tienen unos cuantos añitos más.

Habla del zen y de lo coñazo que resulta dedicar tu vida a la meditación, habla de sus contradicciones, habla del paso del tiempo y de volverte viejo, habla de la poesía y de los poetas. Y sobre todo, habla de mujeres y de amor, ¿de qué iba a hablar Cohen si no?

Cerramos con un poema en prosa incluído en el libro, o un cuento breve, o lo que quiera que sea. Se llama Como tú:
Porque eres hermosa, pero olías mal, supe que te habían matado. Y tú pensaste lo mismo de mí. Dijiste: "Eres un anciano elegante, pero apestas". Después del largo evento de la intervención desnuda, juntaste las manos y te inclinaste. "Gracias", dijiste. "Ha sido la primera vez que no he hecho nada". Muchas han sido las cosas maravillosas que me han dicho sobre mi suerte, pero aquella fue sin duda la más maravillosa. "¿Cómo huelo ahora?", te pregunté. "Peor que nunca", dijiste. "Eso mismo pienso de ti", dije yo. Después volviste a Francia (¿o era Holanda?) y desde entonces hemos sido buenos amigos. A veces, cuando los colibríes están quietos, huelo cómo te pudres al otro lado del mundo.