Empiezo el año en la playa, viendo a los chavales que hacen surf y jugando con el ipod.
Busco la banda sonora perfecta.
Para 2009 o para 2010.
No consigo encontrarla.
Tampoco encuentro las fuerzas necesarias para hacer balance del último año.
En lugar de eso, centro toda mi energía, ommmmmmmmmmmmmmmm, en 2010.
Trato de visualizarlo.
Visualización positiva.
Me imagino, me siento en él.
Y lo primero que me viene a la cabeza, casi por arte de magia, es este fragmento de El Crack-Up, de Francis Scott Fitzgerald, aquí traducido por Mariano Antolín Rato para una vieja edición de Bruguera:
Y una sonrisa... ¡Sí, me conseguiré una sonrisa! Todavía estoy trabajando esa sonrisa. Debe combinar las mejores cualidades de un director de hotel, de una vieja comadreja experimentada en sociedad, de un director de colegio en día de visitas, de un ascensorista de color, de un marica marcándose un perfil, de un productor consiguiendo material a mitad del precio de su valor en el mercado, de una experta enfermera al empezar en un nuevo empleo, de una modelo en su primer anuncio, de un extra esperanzado que pasa cerca de la cámara, de una bailarina de ballet con el dedo infectado, y por supuesto, el gran resplandor de amable agrado común a todos los que, desde Washington a Beverly Hills, tienen que existir en virtud de la mueca.Yo creo que ese va a ser también mi propósito para 2010: una sonrisa, mi nueva sonrisa, la sonrisa perfecta, letal y definitiva.
Eso, y si me queda tiempo, aprenderé a montar en patinete.
Lo juro.
Sed muy felices todos.
