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jueves, 11 de junio de 2009

Tenemos el libro más deseado (el último de Larsson) y el menos menos vendido ('El destripador', de Robert Desnos)



Hoy es un día raro.

Fiesta en Madrid.

El Corpus.

¿Cómo?

Corpus Christi.

Nos recuerda a la abuela, a cualquier abuela de cuando las abuelas eran viejas y abuelas, y a sus refranes.

Aprieta el calor e imaginamos a la gente en las piscinas.

También en la Feria.

Hoy había ese encuentro tan bonito, el de los 'worst sellers', preciosa palabra: cinco editores pequeños iban a hablar de sus grandes fracasos, sus títulos menos vendidos.

Los detalles, en Divertinajes, la web de Eva Orúe, la moderadora. Ayer ya te remitimos a ella.

No hemos ido, pero tenemos aquí una de las obras de las que iban a hablar, un libro ilustrado: El destripador, de Robert Desnos y con dibujos de David Sánchez (Ed. Errata Naturae. Traducción de Irene Antón).

En su día hasta lo reseñamos para On Madrid, con lo que nos sentimos un poco partícipes de su fracaso.

Insistimos en recomendarlo, sin ninguna esperanza. Al revés, lo hacemos casi con miedo: quizá terminemos de hundirlo.

Cortamos y pegamos lo ya dicho, una autocita, qué ordinariez:
De qué va. Los artículos que Desnos escribió a finales de los años 20 sobre Jack el Destripador, tras descubrirse en París el cadáver de una mujer que parecía haber sido asesinada por la misma mano. La reconstrucción del caso concluye con un juego literario que involucra al propio autor en el misterio sobre la identidad del asesino más famoso de todos los tiempos...

Qué nos gustó. Desnos, conocido por su relación con el surrealismo y otras vanguardias, escribe fascinado por El Destripador, aunque con la frialdad de un forense al tratar los aspectos más truculentos. Lo mismo puede decirse de los dibujos de David Sánchez: muy claros y muy limpios, pero que chorrean toda la sangre que exige la historia.
Y además de eso, añadimos que ahora que tanto se llevan los libros ilustrados, El destripador es uno de los mejores que han pasado por nuestra manos: por el texto, por los dibujos, por la edición, por rescatar a Desnos y a Jack El Destripador, y sobre todo, por lo bien que se entienden, con 80 años de diferencia, las palabras con las imágenes, las descripciones de Desnos y la interpretación que hace de ellas David Sánchez.

Cortamos y pegamos:
La mañana del 9 de noviembre de 1888, encontraron a Jessie acostada, completamente desnuda, en la cama.
Le habían cortado el cuello de una oreja a otra con una larga incisión. Le habían arrancado la nariz y las orejas. Los senos, seccionados limpiamente, estaban colocados sobre la mesilla de noche. El estómago y el vientre estaban completamente abiertos. La cara, llena de cortes, resultaba irreconocible. Los riñones y el corazón, extraídos de sus alveólos naturales, reposaban en el muslo izquierdo. El asesino se había llevado a modo de lúgubre trofeo toda la parte inferior del vientre, con los órganos que contenía.
Las ropas de la desgraciada estaban colocadas ordenadamente en una silla. Nada indicaba que hubiese habido lucha.
Texto que se corresponde con esta ilustración (sentimos la pésima calidad de la imagen, es una foto hecha con el móvil):



¿Gore?

No, al contrario. Retorcido, casi cruel por su frialdad, sangriento, muy sangriento, pero exquisito y diferente, que es lo que se supone que debe ser un libro ilustrado.

¿Y el último de Larsson?

Aquí lo tenemos, La reina en el palacio de las corrientes de aire (Ed. Destino y traducción de Martin Lexell y Juan José Ortega Román), un tocho de 854 páginas, algo incómodo de leer, tanto en el metro como en el sofá.

Pero eso no parece importarle a nadie. Tampoco a nosotros, que siempre hemos defendido a Larsson y que lo consideramos el único fenómeno editorial de los últimos años también interesante desde un punto de vista literario.

Te remitimos a lo ya escrito sobre Larsson.

Y por primera vez en la vida, todo el mundo intenta quitarnos un libro. Todos quieren que se lo dejemos. A todos les da muchísima envidia.

Hasta nos han amenazado con entrar en casa y robarlo. O secuestrarnos.

Eso estaría bien, tendría su punto, pero no, no puede ser, antes nos toca leerlo a nosotros. Nos han encargado un trabajillo sobre el lanzamiento.

Y el jueves 18, justo el día que se pone a la venta, colgaremos aquí una reseña, o lo que nos salga, contando qué nos ha parecido.

De momento, y como siempre Larsson, empieza bien, un poco poniéndote al día y recordando lo que pasó en las anteriores novelas.

Y sí, se sigue leyendo como los otros: anoche, de una tacada, cayeron casi 200 páginas sin darnos cuenta.

En la web de Antena 3 (también del Grupo Planeta), puedes leer el primer capítulo. Hoy lo han colgado.

miércoles, 10 de junio de 2009

Berlusconi no arderá (sobre la novela 'Esta vez el fuego', de Michele Monina)


Qué escándalo.

Llevamos una semana oyendo hablar del tema.

El País ha publicado las fotos de Berlusconi rodeado de mujeres desnudas o semidesnudas y hombres empalmados en su finca de Cerdeña.

¿Y?

¿De verdad alguien se ha sorprendido?

¿No lo sabíamos ya?

¿Quedaba alguna duda sobre la forma que tiene Berlusconi de entender y ejercer el poder?

Dicen que Berlusconi es el emperador.

Pero no, Berlusconi es Dios.

Omnipotente.

El más rico de su país.

Lo tiene todo.

Y está por encima de cualquier cosa.

Escribe las leyes.

Y se las salta si le da la gana.

Nada le afecta.

Italia le pertenece.

Hagas lo que hagas no hay forma de escapar de él.

Y tiene ramificaciones por todo el planeta.

Le pone los cuernos a sus aliados políticos (Piqué).

O le dice a un arrogante galán de cuarta (Sarkozy) lo peor que se le puede soltar a alguien así sobre su mujer: "Yo te la he dado". Como dando a entender: alguna vez fue mía. Y te la puedo quitar cuando quiera.

Al hombre más poderoso del mundo le describe como: "joven, guapo y bronceado". Y a Merkel la tiene 15 minutos esperando mientras él atiende su teléfono móvil.

Berlusconi es un fanfarrón.

El fanfarrón que decide en Italia lo que es verdad y lo que no.

Y el que lo difunde con sus medios.

Sólo le faltaba ordenar, vía decreto ley, cuando deben morir sus súbditos. Pero eso también lo hizo en el caso Eluana. Y se llevó todo el Estado de Derecho por delante.

Y sí, por supuesto, se folla a quién le da la gana: a tu madre, a tu hermana, a tu hija, a esa inmensa corte de muchachitas vírgenes que aspiran a convertirse en azafatas del Telecupón.

Berlusconi no tiene freno.

Pero eso ya lo sabíamos todos.

¿Y cómo es posible?

¿Por qué, a pesar de todo, le votan sus compatriotas?

Se ha escrito mucho estos días al respecto.

Nosotros hemos leído una novelita que tiene ya diez años, pero que acaba de publicar en España la editorial Periférica: Esta vez el fuego, de Michele Monina (un italiano de 1969).

Es la historia de una manifestación contra Berlusconi en 1994, cuando el bicho acababa de llegar al poder.

Monina escribió el otro día un artículo en Babelia, dónde daba algunos detalles sobre la época y ofrecía su visión del libro y del Berlusconi actual.

A nosotros Esta vez el fuego nos ha interesado. Mucho. Aunque no sabemos si nos ha gustado.

Nos interesa por lo que tiene de explicación del fenómeno Berlusconi.

¿Habla de Berlusconi?

No.

Habla de la oposición que en todo este tiempo no ha conseguido frenarle.

De un sector en concreto: una juventud de izquierdas y políticamente comprometida.

O supuestamente comprometida.

O ingenuamente comprometida.

A nosotros, de hecho, nos pareció una gran retrato de esos jóvenes que dicen que van a parar al monstruo pero que en realidad actúan como si acudieran a una fiesta, o a un partido de fútbol, o un macrofestival de música.

Al principio, nos llamó la atención justo eso: no era autocomplaciente.

Después del 68, y de todas las tonterías que se han contado y aún se siguen contando al respecto, ningún relato de iniciación política debería mirarse a sí mismo con esa ñoña fascinación de: "jo, cómo molo, qué auténtico soy".

En efecto, estos jovenzuelos de Monina carecen de cualquier épica: viajan en trenes pagados por sindicatos con los que no comparten demasiadas cosas, se ponen en huelga pero no trabajan, y sí, lo reconocen: "jo, es que no hacemos nada" o "jo, a ver si maduramos".

Un buen punto de partida para entender cómo Berlusconi se folla a toda Italia.

Y cuidado, porque aquí en España nos follan igual, o el doble.

Y que Dios, o el diablo, nos libre de un Berlusconi porque no levantamos cabeza en 4o años. Y luego, eso sí, nos ponemos todos a hacer cola para despedirle en el Palacio de Oriente.

O sea, que estos jovenzuelos de Monina, en torno a los 25 años en la historia, son muy blanditos.

Van a un acto político, pero casi no hablan de política.

Sus referentes son otros. Su identidad se ha ido forjando gracias a mil mitos, a mil imágenes sin demasiado contenido. Toda esa basurilla audiovisual: el rock'n'roll, la MTV (en la que Monina tiene o presenta un programa), los colores de su equipo de fútbol y una camiseta con la cara del Che.

El resto ya te lo sabes: la universidad como excusa para no enfrentarse a la vida, muchos porros, mucho alcohol, muy pocas ideas (como el propio protagonista denuncia) y mucha, muchísima confusión, un cacao mental impresionante.

En plena manifestación, el narrador va y dice:
Todo parece una película preciosa en la que nosotros somos los intérpretes. Ponemos nuestras mejores caras, aunque en realidad casi no hemos dormido y con las bolsas que tenemos debajo de los ojos podrías ir a hacer la compra y te ahorrarías cien liras. Pero igualmente nos aclaramos la garganta, preparados para proferir invectivas. Hoy hay movidas para Bossi, Fini y Berlusconi, que maldito él, rima en consonante con coglioni, que cuando bajó al campo, como él dice, no sabía que le íbamos a dedicar estos coros. Por otro lado, ¿que significa bajar al campo?
Pues eso, los jovenzuelos se creen en una película y no saben lo qué es bajar al campo.

Berlusconi, en cambio, sí. Berlusconi rima en asonante con coglioni, ja, ja, ja, que gracioso, que bufón, que mamarracho. Pero luego baja al campo, sí, él baja al campo, y se los folla a todos. Berlusconi es en realidad quien dirige la película, y el que la produce, y el que hace el casting, y el que se lleva todos lo beneficios.

Y tú, pobre idiota, sólo eres un extra.

Después, la novela se convierte en otra cosa, se le va un poco a Monina de las manos y esos jóvenes militantes de izquierdas se convierten en hooligans.

Un final efectista y violento, un poco o muy forzado, absurdo.

Aunque Esta vez el fuego tiene algo: es el testimonio de la enésima derrota. Y ofrece algunas de las posibles causas.

Cerraba el otro día Monina su artículo en Babelia con esta frase: "En 1994, año es que se desarrollan los acontecimientos de la novela, el fuego no llegó. Quizá esta vez sí".

Ojalá, ojalá que sí.

Pero parece que no, que esta vez tampoco, que Berlusconi con cada abuso y cada majadería se vuelve más y más fuerte. Más incluso. Hasta convertirse en incombustible.

Lo vimos el domingo pasado en las urnas y llevamos toda una semana escuchando distintas explicaciones al respecto.

(Mañana es fiesta en Madrid y hay un acto que merece la pena en la Feria del Libro. Es a las 13.00. Los representantes de cuatro editoriales pequeñas van a hablar sobre los 'Worst sellers'. O sea, los libros menos vendidos. Modera Eva Orúe y en su Círculo de iluminación te cuenta ella más cosas. Nosotros mañana hablaremos de uno de esos desastres editoriales, que nos gustó mucho, y del último de Stieg Larsson. Casi, casi lo tenemos ya en las manos.)