lunes, 27 de abril de 2009

Enamorados de Lisbeth Salander (Sobre el fenómeno Larsson)


¿Hablamos de Céline (estamos leyendo el libro que ha escrito su viuda sobre él)?, ¿hablamos de El heredero, de Mario Catelli, una novela cojonuda que terminamos el otro día?, ¿hablamos de haikus ahora que Jiménez Losantos amenaza con publicar su propia visión del género?...

Cuesta arrancar los lunes.

Dejamos para los próximos días lo de Céline y Catelli, y descartamos de momento los haikus, aunque abrimos al azar nuestra antología favorita, Jaikus inmortales, editado por Antonio Cabezas y publicado por Hiperión, y transcribimos uno de Basho:
Muévete, tumba,
que mis gemidos son
viento de otoño
Imposible no pensar en la situación profesional de Losantos. Pobre. Y quizá en la nuestra.

Otro día, más haikus.

La siguiente opción es Larsson, el triunfador de Sant Jordi.

¿Hay alguien que aún no sepa quién es este tío?

Stieg Larsson es un sueco que ha escrito una serie de novelas negras. Todo el mundo las está leyendo: Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire, que se editará en España el próximo 23 de junio.

Luego se murió y no pudo escribir más ni ver su éxito, aunque dicen que igual existe una cuarta novela escondida en algún rincón de su disco duro o en la caja fuerte de sus herederos que andan peleándose como fieras por la pasta y los derechos.

Larsson ha sido un pelotazo. Lleva meses en todas las listas de los más vendidos y a nosotros nos parece uno de los fenómenos editoriales más interesantes de los últimos años.

No es una novela ñoña y escrita para adolescentes, como El niño con el pijama de rayas.

No es una novela histórica (nosotros es que odiamos la novela histórica), copia a su vez de alguna otra novela histórica.

No es un thriller sobrenatural sobre los secretos del cristianismo o extrañas sociedades místicas que gobiernan el mundo...

Los libros de Larsson son novelas negras.

Y entonces, viene algún pedante y se mete con Larsson. Él se cree muy listo pero lo que hace es repetir toda una serie de tópicos que desde siempre se han esgrimido contra la novela negra y que nosotros creíamos muy superados.

La novela negra es divertida, lo que a algunos les parece imperdonable. Y la novela negra, a diferencia de otros géneros, no es escapista, sino que se atreve a husmear en los aspectos más oscuros de la sociedad.

Larsson habla, por ejemplo, de importantes empresarios que se dedican a malversar fondos públicos, del pasado nazi de Suecia, de la brutalidad de determinadas prácticas psiquiátricas, de la impunidad con la que actúan los servicios secretos, de la situación de esclavitud en la que viven las inmigrantes que ejercen la prostitución y, en general, de distintas formas de violencia contra las mujeres.

La serie de Larsson no es una obra maestra (¿cuántas obras maestras hay?) y seguramente tampoco sean las mejores novelas negras de la historia (ni mucho menos), pero están muy bien y le dan mil vueltas a cientos de otros títulos supuestamente mucho más serios y mucho más profundos.

Nosotros los disfrutamos, los devoramos y sí, nos enganchamos, como todo el mundo, lo que nos convierte en seres muy vulgares, pero también refuerza nuestra tesis principal: nosotros somos gente.

Aunque el gran acierto de Larsson es el personaje de Lisbeth Salander, tan excesivo ya en la segunda parte, tan fuera de la realidad, que resulta imposible no enamorarse de ella.

Lisbeth es un ser antisocial, una especie de Pipi Calzaslargas en versión punki, como la describió su autor, llena de tatuajes, irresistible tanto para hombres como para mujeres, que pesa sólo cuarenta kilos pero que se entrena con los campeones de su país de boxeo y que es capaz de meterse en cualquier ordenador.

A Lisbeth la han puteado durante toda su vida. Incluso hay quien se cree que es tonta, pero todo lo contrario. Lisbeth es peligrosísima y está deseando poner a los malos en su sitio...

A nosotros por eso nos gustó más la segunda parte que la primera: porque Lisbeth es la auténtica protagonista. Además de por el final. Pero tranquilos, no vamos a reventarlo.

Estaría bien ahora poner una foto de los dos tochos, son libros de muchísimas páginas, uno encima de otro, aquí, en la mesa o delante del ordenador, pero los hemos prestado. Ya es la quinta vez que nos los piden. Y los hemos regalado como tres o cuatro veces más. La de pasta que le estamos dejando a Destino. A ver si el año que vienen aciertan y le dan el Premio Nadal a alguien que merezca la pena.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo tb he devorado los dos tochazos y estoy deseando que publiquen el tercero. Me encanta Lisbeth, dan ganas de ser un poco borde, un poco pirata y un poco bollo, como ella. Y también me gusta Mikael, un héroe periodístico, que ahora por lo visto se lleva mucho, como Russell Crow en la sombra del poder. Aunque bien pensado yo también soy un héroe y Juan... y hasta Jiménez Losantos... ¿cuándo van a hacer una peli de nosotros?

Juan Vilá dijo...

Anónimo, ¿una película con nosotros y Jiménez Losantos como héroes?

¿Todos a la vez?

¿Quizá un remake de Los bingueros?

DON ZANA dijo...

Sr. Vilá, desarma usted mis argumentos. Tenía dos motivos fundamentales para no leer los libros de Larsson, a saber:

1)Son muy gruesos, y normalmente desconfío de los libros gordos (a excepción del de Petete, claro).

2)Los lee mi suegra, y lógicamente (esta vez con razón) también desconfío de los libros que lee mi suegra.

Lo sé, mis motivos son ridículos, pero son motivos, y mientras no haya otros de más peso en contra, me bastan para ahorrarme el precio y el peso de tan formidable fenómeno.

Pero son tan livianos mis motivos que vale casi cualquiera en contra para cargarme con el medio kilo que debe pesar cada volumen del bueno de Larsson. Y si vale cualquiera, mucho más los suyos, Sr. Vilá, siempre ricos y contundentes.

En resumen, que me ha jodido usted el puente de Mayo, porque no sólo me enfrento a 185.000 páginas y 3,5kilos de peso, sino que me enfrento a algo mucho más grave, duro y sacrificado para mí: pedirle prestado un libro a mi suegra.

Juan Vilá dijo...

Don Zana,

Entiendo perfectamente sus argumentos.

No me parecen nada ridículos: yo no suelo leer libros tan gordos ni mucho menos que le gustaran a una hipotética suegra mía.

Pero ese es otro de los milagros que consigue Larsson: une a las familias.

Yo hasta se los he regalado a una hermana y a una cuñada...

Un abrazo para usted y salude por favor a su suegra de mi parte.

conejo dijo...

pues yo no los he leído no ya porque sea una guays que no lee lo del populacho, simplemente porque no he visto una crítica consistente en contra y me da miedo que a mí no me vayan a atrapar...y me sienta más perro verde de lo normal.
Señoras y señores, para novela negra la española, concretamente la de Doña Alicia Giménez Bartlett, como siempre más apreciada fuera de aquí. En concreto, en el "Clasiffica" italiano, está la número uno, por encima del señor Larsoon, que no tengo nada contra él, pero mucho escribir, mucho escribir, y luego no hace testamento...háganlo todos, que lo del muerto al hoyo...no es tan directo y evidente sin ese papelín.
Vilá, sí a los Haikus, aunque sean los de Federico Jiménez L.

Anónimo dijo...

Pues sí, parece que nos da apuro reconocer que también disfrutamos con los libros "fáciles" pero, así es. Si, a pesar de estar pasando una época complicada de trabajo y estudio y, por eso, no meterme en lecturas "profundas/compicadas", he leído los 2 libros y ME HAN ENCANTADO. Son muy entretenidos, divertidos...enganchan y, entiendo que leer es para disfrutar asi que, esas "novelas negras" son perfectas.
Vilá, ¿quiénes sois "vosotros"?
¿Prestas tus libros? qué raro...
En fin, deseando que salga el tercero...un beso,
ma

Holly Golightly dijo...

¡Gran entrada, señor Vilá!
Yo, después de un curso horrible con los estudios, me he dado cuenta de que la medicina Larsson podía resultar buena, pero no lo ha sido... ¡Ha sido INFALIBLE!
Gran libro, gran trama, grandes personajes, en especial mi querida Lisbeth Salander (ya está bien de buscar una buena protagonista, pues Larsson nos la ha proporcionado) y gran final. Conclusión: Qué pena que Larsson se muriera sin vivir todo el éxito de sus novelas.
Ahora mismo estoy con el segundo libro, y hace un par de días vi la película, que, con sus fallos y tergiversaciones, me ha encantado. Es más, me declaro fan incondicional de Noomi Rapace, porque ES Lisbeth Salander. Es ella, sin lugar a dudas.
La película me gustó porque no suaviza las escenas fuertes, sino que las pone tal y como Stieg las describe en su libro.
Supongo que el segundo no me defraudará y que iré a coger el tercero con desesperación en cuanto lo acabe.

Un saludo