En realidad, lo que yo siempre había querido era colgar esta canción:
Tan rabiosa, tan sincera, tan desesperada.
Y lo demás (todo lo demás), sólo ha sido un preámbulo, o una excusa, o una larga, larguísima, espera.
Pero ayer apareció el motivo que estaba esperando: una postal (la de la foto de abajo) me informaba de que su autor e intérprete, Micah P. Hinson, va a publicar una novela en noviembre:
Corto y pego lo que dice la editorial (Alpha Decay) en su web:
No voy a salir de aquí es, como la describe el propio Hinson, una nouvelette. Una novela breve escrita con ese mismo encanto del lirismo extrañado y melancólico que destila la vasta producción musical de este joven prodigio de la canción de autor norteamericana. Con pulso febril y exacto, Micah P. Hinson atrapa una secuencia de las vidas de dos jóvenes solitarios, enfermos, malditos y enamorados. Y los acompaña en un viaje suicida y sentimental cargado de preguntas. Los protagonistas de esta novela sólo encuentran una respuesta en el amor, entendido como un patético intento de superviviencia, y en la creación literaria, esfuerzo último de trascendencia. Una primera novela que se bebe a sorbos lentos y que recuerda, por su humor negro y su tristeza, al viaje a ninguna parte de los personajes de Buffalo ’66. Chico y chica a la deriva, con máquina de escribir a cuestas y muchas millas por delante. Impacto certero en el corazón desde alguna carretera secundaria perdida de Texas.
Y yo sólo puedo decir lo que ya dije el año pasado cuando me enteré de que Antonio Luque (Sr. Chinarro) iba a publicar un par de cuentos con esta misma editorial:
Ojalá no esté bien escrito, ojalá no esté bien construido, ojalá nos sorprenda, ojalá tenga algo que decir.
Y si la caga, no importa, le seguiremos escuchando de todas formas.
(Me encantan, por cierto, las autocitas, y que la realidad se esfuerce cada día un poco más por copiarse a sí misma, y repetirse, y ponérnoslo todo tan fácil, o tan difícil, según se mire.)
A principios de julio, ya escribí una entrada contando quién era Antonio Luque, el Sr. Chinarro, y que en septiembre iba a publicar un libro, Socorrismo, con dos relatos, más un tercer cuento dentro de la antología Matar en Barcelona.
Los dos libros los ha editado ya Alpha Decay.
Decía entonces: "Ojalá no esté bien escrito, ojalá no esté bien construido, ojalá nos sorprenda, ojalá tenga algo que decir".
Y sí, después de leer los tres cuentos, sí a todo.
Y más.
Aunque con matices.
Todos los matices del mundo.
Y diferenciando mucho, mucho, mucho los tres relatos.
Por partes.
Socorrismo es uno de esos libros minúsculos que se han puesto ahora de moda. Muy modernos y muy monos: 8 eurazos por unas 100 páginas en formato reducidísimo y con una tipografía considerable.
O sea, 8 eurazos por dos cuentos.
Con la que está cayendo.
¿Una incitación al escaneo?
¿No han aprendido nada las editoriales de las discográficas?
¿Hasta cuándo se va a seguir confundiendo eso que llaman cultura o literatura con un producto caro, elitista, minoritario, etc?
¿Lo moderno no sería justo lo contrario?
Vale.
Hablemos de los cuentos.
El primero se llama La mina y todo gira en torno a un pueblo en el que hay una mina de oro.
Ni está bien escrito ni está bien construido.
Chinarro acumula y acumula, acumula metáforas, ideas y paradojas más o menos chocantes, más o menos extrañas, más o menos irónicas. Acumula descripciones, personajes y retazos biográficos.
Avanza en círculos, si es que avanza.
Pero no funciona, no da respiro, agota.
Entonces el lector se echa a temblar y recuerda a otros músicos, como Dylan o Nick Cave, el fracaso de ambos con sus novelas Tarántula y Y el asno vio al ángel.
¿Alguien ha conseguido leer cualquiera de las dos?
Es más, ¿alguien conoce a alguien que haya podido con ellas?
Pero no, Chinarro, no.
La mina más que un relato parece una de sus canciones, con todos sus defectos y virtudes, ampliada hasta unos cuantos folios y trasladada al papel.
Si lo aceptas así, estupendo.
Si no, te quedas fuera.
Luego viene Socorrismo, el relato que da título al libro y aquí, sí.
Aquí, Chinarro sigue siendo Chinarro, pero renuncia a escribir canciones para escribir un cuento de verdad.
Bien por Chinarro.
Un ingeniero que ha sufrido un ERE y está inventando un motor revolucionario para barcos se enamora de una venezolana que trabaja como puta.
Él se llama Augusto y ella, Augusta.
Él es de Valencia (España) y ella, de Valencia (Venezuela).
Todo está lleno de frases largas, extrañas, caprichosas.
Muy barroco, muy retorcido, estupendo.
Con humor, y ese surrealismo costumbrista, o costumbrismo surrealista, que caracteriza a Chinarro.
En el primer relato chocabas y te atascabas con cada página, aquí en cambio no cuestionas nada, te dejas llevar.
Pero el mejor de los tres cuentos es Me siento haciendo un NO8DO, el que aparece en Matar en Barcelona, una antología en la que doce autores (Javier Calvo, Manuel Vilas, Elena Medel, el también rockero Sabino Méndez, etc) recrean o cuentan o inventan un crimen real ocurrido en Barcelona.
Aquí sí que Chinarro se convierte en escritor.
Se centra en la historia de una ludópata mataviejas: su infancia en Galicia, su llegada a Barcelona en plena transición, el descubrimiento de su verdadera sexualidad...
Empieza muy siniestro, casi faulkneriano, y luego va a saltos, recorriendo en primera persona la peripecia vital de la asesina.
Chinarro se mete en la piel de su protagonista y crea una voz potentísima y creíble.
Tiene, además, la inteligencia de esquivar el tema principal.
Aquí no hay sangre ni crímenes ni nada.
Eso ya lo sabe todo el mundo.
Chinarro prefiere fijarse en todo los demás, lo que de verdad importa: el entorno, los posibles móviles del crimen, la génesis de la asesina.
Lo mejor es que con este relato Chinarro sí que sorprende: es capaz de renunciar a sí mismo y a lo que se espera de él.
Chinarro va más allá de la curiosidad destinada a los fans y consigue hacer algo que sí es literatura.
Bien por Chinarro otra vez.
Y ya.
Cierro con el falso videoclip de una de las canciones de su último disco.
Llevo días viendo vídeos de gente drogada en los parkings o a la salida de las discotecas.
YouTuve está lleno: ya casi es un género, aunque no sé cómo se llama.
Me gustaría explicar esta nueva afición, pero es que ahora mismo estoy tan volcado en ella que acapara todo mi tiempo y mis energías.
Quizá lo intente mañana.
Hoy esto va a parecerse a un telediario: sólo unas cuantas noticias atrasadas:
1. La semana pasada se conocieron los finalistas del premio Llibreter, el que dan los libreros catalanes, a veces algo tostón, pero de los pocos que aún tienen eso tan importante: credibilidad.
Intentan además descubrir cada año algún libro bueno y que haya pasado desapercibido.
Yo no lo voy a comentar ni voy a hacer una selección de actos, autores, etc.
No me gusta y no entiendo (al margen de intereses comerciales) ese afán por convertir la literatura en espectáculo.
4. Hoy he recibido un mail comunicando que Antonio Luque, el Sr. Chinarro, ha agotado la primera edición de Socorrismos, su mini libro de cuentos.
Es una de mis próximas lecturas. Espero que me motive lo suficiente para comentarlo. De momento, como con Domingo Villar, me remito a lo ya escrito.
5. Ayer recibí otro mail. Era de una editorial nueva. Se llama Blackie Books.
En su carta de presentación hablan de belleza, de la actitud como método, de desconcierto y de estanterías.
Dicen que publicarán "de todo pero no cualquier cosa".
Se estrenan a mediados de octubre con un manual de guerrilla urbana y un libro llamado Los Simpson y la filosofía, una obra que pretende tanto pensar la serie como acercarnos a la obra de Kant, Nietzsche o Marx.
Nos gusta que nos sorprendan, aunque sea para mal.
Nos gusta que nos motiven hasta el punto de sentarnos delante del ordenador y ponernos a teclear para compartir nuestras impresiones con cualquiera que se pase por aquí.
Nos gusta que nos engañen y que nos hagan creer que lo que estamos leyendo es diferente, y merece la pena, y tiene algo.
Ese algo que lo distingue del millón de libros parecidos, o idénticos, que ya han sido escritos.
Aunque sea una frase.
Aunque sea para cagarnos en la pobre madre de su autor.
Aunque sea para olvidarlo a los 10 minutos y saltar a otro libro.
O a cualquier otra cosa.
Todo esto viene a cuento de lo último que hemos leído.
Era una buena novela.
Bien construida, bien escrita, capaz de transmitirnos cosas, como un poco de miedo o mucho mal rollo.
Nos la acabamos.
Pero no nos aportó nada.
Es como si ya la hubiéramos leído 20 o 30 veces antes.
Resultaba previsible, muy previsible, y parecía como hecha con retazos: un poco de esto, un poco de aquello.
Recordaba a demasiadas cosas.
No merece la pena hablar de ese libro, ni siquiera citarlo.
Ayer, en cambio, sí que ocurrió algo que nos sorprendió.
De entre los distintos mails que estamos recibiendo estos días con información sobre los libros que se publicarán a partir de septiembre (próximamente haremos algunas entradas al respecto), uno hablaba de alguien que nos gusta: Antonio Luque.
Antonio Luque tiene un grupo que se llama Sr. Chinarro.
O Antonio Luque es el Sr. Chinarro, pero por timidez, se hace rodear de otros músicos.
Sr. Chinarro por el personaje de Los payasos de la tele.
Estaba Gaby, Fofó, Miliki...
Y estaba el Sr. Chinarro, que era ese señor serio, calvo, con traje y que siempre acababa con una tarta estampada en la cara.
Este Chinarro no tiene tarta pero es también serio, muy, muy serio.
Y feo, con una pinta de lo más normal.
No parece una estrella del rock.
No va de eso.
De hecho, antes, creo que hasta hace muy poco, trabajaba como jefe de no sé qué en la fábrica de los bollycaos.
No es coña.
Nos gusta la gente que disimula.
Incluso la gente que se esconde.
Nos gusta la gente que no es lo que parece.
O la gente que parece todo lo contrario de lo que es.
Nos gusta la gente que se niega a seguir determinados juegos y prefiere hacerlo a su manera.
El Sr. Chinarro es uno de esos: va a su rollo y tiene talento.
De él, todo el mundo dice que es surrealista.
Y seguro que no mienten.
Pero es también divertido.
La ironía, entre los modernos, no se estila.
Al humor se le mira mal en los libros, pero en la música ya ni hablamos.
El Sr. Chinarro era muy, muy oscuro.
Pero de repente, le dio por hacerse gracioso y escribió versos tan desesperados, reales y divertidos como el que sigue (de la canción Morado):
Eres atractiva y casi nunca para mí, como un billete de 500. Necesitas cambio, alguna compra, otro color, como un billete de 500.
El Sr. Chinarro tiene fama de escribir muy bien (y es cierto), de ser muy "de culto", y hasta Fernández Mallo, el de las Nocillas, se declara fan suyo.
Luego el Sr. Chinarro concede borracho una entrevista a su colega Erik, el batería de Los Planetas, y con su carilla se Koala suelta algo tan increíble como:
Hay carreteras incluso en el cielo
Ahora parece que se ha puesto a escribir y va a publicar en septiembre algo con la editorial Alpha Decay.
El libro se llama Socorrismo.
Cortamos y pegamos del mail de la editorial:
Por fin Antonio Luque se pasa al bando de la literatura. En su debut, el líder del grupo Sr. Chinarro nos obsequia con dos relatos, Socorrismo y La Mina, en los que el realismo burlesco de Mortadelo y Filemón se combina con la mejor sorpresa lírica. En el primer relato, que da título al libro, Luque nos ofrece una historia de amor mágica y doliente entre dos tocayos, Augusto (de Valencia, España) y Augusta (de Valencia, Venezuela), ingeniero aristotélico él y afrodita nacida de las aguas ella. En el segundo relato, La Mina, Luque relata las aventuras y desventuras acontecidas en un pueblucho cuyos habitantes, de una u otra manera, están vinculados a la mina del lugar. A través de su visión afilada, el autor ensarta con ingenio refranero las tertulias en el Bar Petardo, las andanzas del Club de fútbol Atlético Minero y los peligrosos peligros de la cianuración. El mejor Antonio Luque en estado puro.
En ese mismo sello y ese mismo mes, publicará otro relato dentro del libro Matar en Barcelona.
Ojalá no esté bien escrito, ojalá no esté bien construido, ojalá nos sorprenda, ojalá tenga algo que decir.
Y si la caga, no importa, le seguiremos escuchando de todas formas.
(Hemos abierto con Esplendor en la hierba, una canción suya que en su día nos obsesionó. Fue una época extraña. Cerramos con otro tema sin vídeo, pero que es uno de nuestros preferidos. No sé muy bien por qué. Se llama Dos besugos.)