
Lo único que jode del revival Camus, del 50 aniversario de su muerte y de todo lo que se está hablando de él, es que todos, o casi todos, o muchos, vuelvan a utilizarlo y a intentar aprovecharse de su obra, su figura, etc. Halagan a Camus. Lo ponen por las nubes y dicen que era muy guapo, muy listo y muy bueno sólo para inmediatamente después despedazar a Sartre.
Pobrecito Sartre (sí, pobrecito), al que ahora le toca pasarse unas cuantas décadas en el infierno de lo políticamente correcto.
Pero da igual, ya volverá, es más, ya está volviendo.
Vuelve Sartre, casi puedo olerlo, vuelve con Marx y con ese fantasma destinado hoy más que nunca a recorrer Europa.
Y yo también vuelvo, pero a Camus y al revival: lo bueno, como siempre en estos casos, es que alguien puede acercarse a la estantería de su casa, o a una biblioteca, y hasta a una librería, y coger alguno de sus libros.
A mí me ha pasado: he releído el El extranjero.
Al principio era curiosidad, sólo quería hojearlo.
Pero lo empecé y me sorprendió.
Sobre todo la primera parte.
Era aún mejor de lo que lo recordaba.
La ligereza con la que está escrito, tan, tan bien escrito, tan sobrio, tan claro, tan preciso.
Y, al mismo tiempo, lo asfixiante que resulta, casi intolerable, o directamente intolerable del todo, como un cruce perfecto entre Dostoievski y Kafka.
Y el personaje, claro, Meursault, su ambigüedad moral, su alienación, su lejanía respecto a todo...
Y ahora, ya mayorcito, supongo que también me sorprende que El extranjero sea una de esas obras que todo el mundo lee en la adolescencia.
Y a los chavalines les encanta.
Aunque ponga patas arriba su vida, como en el caso del pequeño Anthony Soprano (¿he colgado ya este vídeo? Creo que no):
O el de un jovencísimo Robert Smith, el de The Cure, que al acabar El extrajero escribió una de sus mejores canciones, Killing an Arab:
I'm alive
I'm dead
I´m the stranger
Killing an arab...
